la indeterminación de la incertidumbre, un proyecto de Jorge Acero // 2019

La determinación de la incertidumbre.

 Jesicka nunca supo.

 Jesicka nunca supo ni cómo, ni dónde, ni por qué empezó todo esto.

 Jesicka nunca supo por qué, en ese lugar de tierra caliente, donde todo es pesado y hay que hacer siesta, le ocurrió lo que le ocurrió.

 Jesicka nunca quiso entender por qué Maitrella se apareció y se le entró, así como un aire.

 Jesicka siempre supo que si algo aprendió de Maite, como le decía, iba por un camino; nada es verdad y todo anda vivo.

 Jesicka nunca ha sabido cómo Maite concibe y planea el dibujo, pero sabe que lo hace porque le dice con muchos detalles lo que tiene que hacer.

 Jesicka siempre ha sabido que ella es le dicta pero también le dibuja y se siente guiada por un ejercito que le dice qué hacer, pues ella sabe que no es dueña de sí misma y que sus actos al dibujar no le pertenecen.   

Jesicka siempre ha sabido que las decisiones las toma Maite, todo dentro del plan, para el plan y por el plan. Ambas entienden de maneras diferentes, pero habitan el mismo cuerpo. Solo por algunos momentos.  

Jesicka nunca ha entendido ni ha querido entender, cómo Maite se le mete en la cabeza y le empieza a dictar. Casi siempre usa palabras, pero a veces no. A veces le muestra figuras, sobre todo cuando cierra los ojos. Le entra como un calor, el  oído izquierdo se le tapa por dos segundos y luego suena un pito. Así Maitrella le avisa a Jesicka que llegó. Jesicka ya sabe lo que tiene que hacer.

 Jesicka siempre ha sabido que las contribuciones de la que dibuja por ella, que es a su vez, la dibujante, no puede preverlas ella, la artista, pues incluso ella, la artista, es la que le dicta y es la dibujante. Aún en el caso de que Maitrella que es lo mismo que decir la dibujante, siguiera dos veces el mismo plan, resultarían dos obras distintas, completamente distintas. Ella sabe, con indeterminada certeza que nadie puede hacer dos cosas a la vez y que la misma cosa no se puede hacer dos veces.

 Jesicka siempre ha sabido que se ha reemplazado el esfuerzo por el procedimiento. Y eso la tranquiliza. Sobre todo porque confía en Maitrella.

No se conoce al autor del anterior texto, ni de su relación con la artista barranquillera  Jesicka Curbelo Daza. El texto apareció como un recorte de  prensa en el archivo de una reconocida artista radicada en Bogotá, que recoleta fragmentos curiosos de prensa desde 1952. El recorte en cuestión solo tiene escrito a lápiz en la parte inferior: “R. Mito, 1956, poesía”.  Se sabe también que Jesicka Curbelo Daza dejó de trabajar como artista a finales de los años ochenta. Se dedicó a lo que llamó “la vida mundana”, que consistió nada más y nada menos, que a la ubicua tarea de perseguir una realidad que le permitiera escribir. Pero esa escritura tenía que darse de una manera especial; debía sentir que alguien le dictaba las palabras que debía poner sobre el papel. Para hacerlo se dedicó a ser mesera en un hotel elegante del centro de Cali, sirviendo a los comensales de una terraza a la que casi nunca van solos. Esta circunstancia, que consideraba fortuita y afortunada, le permitía escribir diariamente las conversaciones que escuchaba de los asistentes y de las cuales solo capturaba lo que consideraba importante. Aprendió también, después de un tiempo, a retener conversaciones exactas hasta de 400 palabras por un plazo máximo de 8 horas, lo que le permitía volver a su casa y sentarse a escribir lo que la memoria le dictaba. El proyecto provenía, en realidad, de un circunstancial hecho; la inesperada y rápida desaparición de Maitrella un día cualquiera, a las 12:00 del medio día. Jesicka sintió sin premonición alguna ni advertencia providencial, que Maitrella salió de ella para siempre. No sabe cómo lo sintió, pero lo describió como un soplido que le rebuznó por la nariz. Así las cosas, Jesicka se dedicó a oír instrucciones en el viento, en el agua, en la sal, buscando a Maitrella que años antes guío la realización de sus obras durante buena parte de su producción artística. Una mañana de esas gratis sin mucho que hacer y con mucho cansancio, encontró la terraza y se dio cuenta que nadie iba solo y que todos hablaban y que en esa cacofonía le enviaban un código.

No se conoce tampoco al autor del anterior texto, ni de su relación con la artista barranquillera  Jesicka Curbelo Daza. El texto aparece en el archivo de prensa de la Biblioteca Nacional, en la Revista Laura, número 25 de 1990, en la sección Curiosidades de la página 17. Arriba del texto hay una fotografía donde posa Jesicka, jovial y sonriente con su delantal bien planchado, mientras pone una limonada sobre una mesa de comensales de la terraza del hotel donde trabaja. Se sabe también que la sonrisa de Jesicka, no es por el placer de servir a los demás. La sonrisa de Jesicka es por el placer de saber que anda robando conversaciones ajenas, que luego llegará a escribir a su casa. Al momento, no se tienen noticias de estos manuscritos.

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