secretos públicos // 2021

Quisiera, -sí, sí quisiera- hacer una introducción de pastiches, retazos, procesamiento de palabras y sampleo de otras introducciones. Quisiera acaparar de forma egoísta el lenguaje y robarme las palabras de otros. Tal vez así sea. Y quisiera que de repente hablaran muchas voces, con sus instrucciones, sus saberes, sus decires, y así yo pudiera partir de otros para poder decir lo que hay que decir, sin agregar más texto a este mundo plagado de textos. Y que en esa ecología del texto, pudiera no mentir, pero sí actuar y reordenar palabras de otros. Y quisiera poder mirar lo que hay que mirar y desprenderme de la falacia de una mirada propia y única que contempla una sola cosa desde un solo lugar con una sola y propia voz. Este proyecto se llama Secretos Públicos. En algún momento este proyecto quiso ser una exposición de performance que cambió de rumbo porque el mundo así lo hizo en 2020. Me imaginé que cada performance ocurría en distintos lugares de la ciudad tejiendo una coreografía enredada. Todos los lugares eran extraños, suspendidos en el tiempo sin función alguna. Los busqué. Fui a ver una droguería, a un taller abandonado de un famosos fotógrafo del siglo pasado,  visité la ruina de un antiguo molino de trigo en una de las muchas zonas industriales de la ciudad. Quería que los performeros hablaran en espacios vacíos y que sus voces envolvieran un espacio contenido en una experiencia. Pero no fue. Todos sabemos por qué. Y así, desde esa decadencia que deja el pudo ser y no fue, se erige entonces la misma fuerza central en otro formato de asociaciones libres en imprenta. Son estas unas páginas que quieren ser un perfomance. O que quieren aludir a la performancia, pues al ser leídas recobran otra vida y una voz las encarna para tener sentido.  Darle sentido a algo, a cualquier cosa, es hacerla existir. Para hacerlo invoca a la investigación curatorial como un espacio afectivo y político que convoca sus propios lenguajes y posibilidades.

Son estas unas páginas que quieren ser un perfomance. O que quieren aludir a la performancia, pues al ser leídas recobran otra vida y una voz las encarna para tener sentido.  Darle sentido a algo, a cualquier cosa, es hacerla existir. Para hacerlo invoca a la investigación curatorial como un espacio afectivo y político que convoca sus propios lenguajes y posibilidades.

Este proyecto acapara el ya conocido término de Taussig (secretos públicos)  para condensar, sin querer agotar ni inventariar todos los secretos públicos, menos en un contexto político como el colombiano. Según Freud, siguiendo a Taussig, el secreto es “lo siniestro, todo aquello que debería haber permanecido en secreto pero que ha sido llevado a la luz – aquello que es secretamente familiar y que no obstante, haber sido reprimido una vez, luego retorna de forma inexorable”. Taussig lo define como “aquello que es generalmente conocido, pero no puede ser articulado”. El secreto público es lo que todos saben que no pueden saber, lo que todos saben que no se debe saber.  La tarea y la fuerza vital del secreto público lo mantiene en ese borde, donde el secreto no ha sido destruido por su exposición abierta, pero paradójicamente, todos lo saben. El secreto público es parcial en su divulgación. Un secreto público es al mismo tiempo un significante vacío y un centro sagrado. Al secreto público se le da por sentada su existencia. Un secreto público vive en el abismo de una contradicción. Los significantes vacíos de la identidad colectiva se construyen como secretos públicos. El secreto público sabe que ese saber no se puede saber. El secreto público es también la ley del silencio. El secreto público es lo que todo el mundo sabe y a la vez nadie sabe. Para adjudicarle las palabras a Taussig y no seguir robándoselas: “el poder, la orden, la sobrevivencia, el secreto y la paranoia se notan más exageradamente en Colombia que en cualquier otra parte del mundo”. El secreto público es como cuando todos hacen de cuenta que algo no es cierto, o que algo no existe. Todo tranquilo, aquí no pasa nada. Pero sí pasa. El secreto público nombra sin nombrar, dice sin decir. El secreto público es la encarnación de la cachacada; es la tensión de develar y ocultar. El secreto público no dice lo obvio, sino que lo esboza, por los lados. Es lo que todos saben y que los otros saben que los otros saben. Ahí radica su poder. El secreto público es la nota al pie, es la letra menuda. El secreto público revela y oculta al mismo tiempo. El secreto público es la explosión que nunca llega y que permanece como posibilidad tensada. Siguiendo a Taussig: “El secreto se secreta en la oblicuidad del lenguaje y sus acertijos, tanto en lo implícito como en lo cómplice, más cuando toma la forma de secreto público”[1]. El secreto público controla para aprovechar los grandes poderes de contradicción, así la ideología y su maquinaria pueden funcionar. El secreto público magnifica la realidad, oscila entre dar la cara, y lo que no se da ni se desenmascara.

Esta publicación reverbera desde la idea del secreto público como excusa para condensar una serie de intervenciones que en algunos casos ocurrieron -en formato performance y fueron repensados para su formato impreso-  y en otros casos no.

Dar la cara es el título de un performance realizado por Néstor Marcelo Gutiérrez  en el 45 Salón Nacional de Artistas en 2019. Un hombre narra el momento en que un perro es atropellado por el esquema de seguridad de escoltas de un reconocida figura política en la fauna nacional, noticia que aparece velozmente en los medios de comunicación. El performance es musicalizado por Vladimir Giraldo. En este ejercicio, recomponen la música y la respiración en la página impresa que contrapuntea el texto y el movimiento.  

Bruno Mazoldi dice que Perreo respetuoso – ángeles y policías, zapatos y perros, son digresiones. Su escritura porosa y rococó es como un secreto ornamentado. Un recorrido nubiloso, que comienza como en un sueño en la caracas con 72 en Bogotá. Salta de un lado a otro, de una cita a otra, como en los sueños, en dilucidación. En la experiencia de leer este texto -que no puede ser otra cosa que vital y vertiginosa-  el lector salta de un lado a otro, de una palabra a otra, que se recorre como si de impulsos neuronales se tratará. Es una escritura en recorrido, que requiere ritmo, afán, pausas. Es la experiencia de recorrer con alguien un camino, mientras le van mostrando el universo y su bruma. “Sobre casi todo cargar el bulto de esa comunidad atareada ni tan alrededor de la experiencia de lo ni muerto ni vivo estando en juego el pesatiempo mayor exento de chuscas homofonías, bromas oximorónicas y gags reguetónicos para el impúdico babuino encaramado”.  Y luego llega a casa. Quién sabe. Uno queda mareado. Tal vez convengan dosis pequeñas. Es como si uno fuera un ratón de esos en corren en una bola para siempre. Y luego llega a casa. Quién sabe.

Aquí no pasa nada es originalmente una serie de risografías a color y carteles impresos en imprenta de tipos móviles durante una residencia de Felipe Uribe en Estudio Abierto, en Oaxaca. Algunos carteles fueron instalados en la ciudad junto a otras risografías que repiten cuadro a cuadro la acción de un hombre respirando dentro de una bolsa de papel. Aquí no pasa nada pareciera ser una frase que no dice nada. Despojada de la ilustración del acto de respirar, cobra otra vida. Decir que aquí no pasa nada, es también decir que aquí pasa de todo, pero nadie va a decir nada.

En Ruidos secos, Luisa Ungar reelabora sus múltiples guiones, notas y apuntes del performance Lecciones y Demostraciones ocurrido en Espacio Odeón en 2018.  Para este ejercicio impreso, revisa las cartillas con lecciones y ejercicios de lectura, escritura y pronunciación del castellano para la enseñanza primaria del siglo XIX.  Aparecen diversos escenarios; la sala, el salón, la escuela, la iglesia. Un ruido seco se produce por lo general en un lugar que no genera eco y para eso se necesita que esté aislado. Hay una mirada externa, casi siempre masculina que se presenta como juez del comportamiento pero que también aparece como si fuera el público en un escenario. Las lecciones están dirigidas a señoritas y niñas, pero también hay para madres, esposas y maestras. Luisa construye una serie de textos que como instrucciones, están basados y sampleados de lecciones de las cartillas. Cortar y pegar se erige como un acto que señala y discierne, pues la tensión en la corrección permanente quiere aparentar neutralidad en la instrucción cuando en realidad está moldeando sujetos. Esa nueva mirada que se posa sobre las cartillas permite develar el poder patriarcal que encarnan.

Ana María Montenegro hace Declaraciones Juramentadas, una distinta para cada día de la semana, cada una en una notaría diferente en Bogotá. La figura legal de la declaración juramentada permite que una voz afirme como verdad sus palabras, en las sucursales del aparato estatal. La extraña figura de la notaría tiene funciones desempeñadas por el notario como delegado del estado para dar fe pública. La voz de Ana María declara bajo juramento que mañana no será la misma persona que es hoy. El aparato estatal da fe pública mediante los documentos que se encuentran en este libro y cimienta estas palabras como una verdad. Así, el aparato estatal da fe de una paradoja. Por un lado, hay muchas maneras de comprobar que hoy no somos la misma persona que ayer o que mañana, desde la biología, desde la sicología, desde el tiempo. Este hecho, invalida la función esencial de la notaría – que es dar fe publica de algo- pues es una declaración completamente cierta -una verdad- que imposibilita cualquier función notarial anterior y posterior a fecha de la declaración. En parte lo que significa es que ningún contrato, ningún documento público que haya sido firmado anterior o posterior a ese día, es válido. Dar fe y emplear la voz para pronunciar una verdad se erigen como actos poderosos.

En Los cuerpos-led, Nmenos1 escribe una poesía amorosa a la masa oscura de la web con datos puros y duros, números pesados que ni siquiera podemos leer. 1.35e16 no es un número mal escrito, es una abreviatura de un número demasiado largo: 13,50,00,00,00,00,00,000. Los cuerpos-led se prenden como luces y se guían, se tocan, se ahuyentan.

Azúcar, petróleo y cocaína: Historia de Latinoamérica,  es el nombre de un curso online que ofrecieron Carla Lamoyi y Antonio Medina de FIEBRE Ediciones. El curso planteó pensar la historia desde lo sensible para crear una visión panorámica y expansiva de la historia de Latinoamérica que se alimentara de las particularidades de este territorio. Cada sesión se fue armando con mapas que Carla y Antonio tejían con listas de reproducción en YouTube, con imágenes, con citas. El curso empezó cuestionando la formación recibida en la primaria y el bachillerato desde nuestros escenarios latinos permeados por una educación colonial, para luego disponer un escenario de aprendizaje que permitiera hacerse preguntas y darse el permiso de responderlas desde uno mismo. Yo misma tomé ese curso y, al final, con una libreta llena de definiciones que había anotado porque necesitaba entenderlas, los invité a participar de esta edición con un glosario que se fue construyendo a lo largo de este escenario.

En La bestia en la jungla, Breyner Huertas trabaja a partir del encuentro casual con el archivo de documentos y fotografías del sacerdote franciscano Fray Javier Montoya Sánchez, quien trabajó con campesinos e indígenas en Colombia. A partir de este texto y su selección de imágenes se dispone un juego de contrarios: vida/muerte, salvaje/celestial, blanco/negro, selva/templo, racional/bestial. Este proyecto hizo parte de la exposición de Breyner, “Sin novedad en la noche” en el Museo La Tertulia, Cali, 2017.

Ivonne Villamil e Ivar Rocha llevan la actividad de traducción al límite. En Expediente Oiticica interpretan, señalan, juegan, rompen, copian y pegan sobre la traducción que llevan años metabolizando del Manifiesto Anarquista del brasilero José Oiticica escrito en un rollo de papel higiénico mientras cumplía su condena en la cárcel, o así reza el mito.  

Linda Pongutá ha trabajado en diferentes proyectos desde el deseo de entender la ciudad como un sistema conectado por nodos y puntos donde se concentra el centro del progreso y la tecnología con el archivo y el edificio de Telecom – la empresa estatal de comunicaciones en Colombia, creada en 1947 y liquidada en 2003-. En Florentino, Linda se encuentra con el archivo del manguaré, una tecnología indígena para transmitir mensajes que solo se toca durante las ceremonias por respeto a la naturaleza. La sede del edificio de Telecom se llama Florentino Vezga (1833-1890) en honor al primer presidente de la empresa de telégrafos del país, periodista y autor del libro Botánica Indígena (1936), donde cuenta relatos y anécdotas de su relación con distintas comunidades indígenas que compartieron con él su conocimiento sobre plantas medicinales. En Florentino, Linda extrae fragmentos apartes del texto de Vezga y los superpone a  títulos sacados de imágenes del archivo de Telecom.

Francisco Toquica encontró una frase en un meme que decía algo así; el agua de una piscina toca el ano de todos los que están en ella. Como si de un secreto público se tratará, desde entonces ha buscado con un dron todas las piscinas, llenas y vacías -de gente y de agua- que ha podido encontrar navegando por el cielo en los alrededores de veraneaderos de tierra caliente cerca al río Magdalena. En Yo secreto, tu secretas, nosotros secretamos, muestra una selección de su exhaustiva búsqueda.


En Mónaco, Manuel Ángel Macía y Juan Pablo Mejía tejen una indagación visual con su texto en una investigación sobre representaciones necropolíticas y la cultura narcocapitalista contemporánea. Revisan las relaciones sensoriales entre Mónaco – el principado- y Mónaco -el edificio de Pablo Escobar- atravesando escudos de la idiosincrasia antioqueña colombiana con imágenes-relatos de la película “Fuego Verde” que grabó Grace Kelly, princesa de Mónaco, en el río Magdalena en Colombia sobre una mina de esmeraldas en la década de los años cincuenta.

Quienes esperen en estas páginas tesis y soluciones claras a precios de descuento sobre el secreto público, no encontrarán más que vacío, rumor y murmullo. Las voces en este volumen funcionan como un reflector que se enciende repentinamente haciendo audible lo aparentemente inaudible, transformando lo oculto en bisbiseo. El secreto complica la vida pero mantiene el rumor.

Carolina Cerón.

Diciembre, 2020.

Un proyecto de la editorial Cain Press, con el apoyo del Fondo para profesores asistentes de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes.


[1] Michael Taussig,  Desfiguraciones: El secreto público y la labor de lo negativo. (Fineo, 2010), 77.