pastas el gallo // 2019

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La exposición Pastas el Gallo hizo parte del 45 Salón Nacional de Artistas en Bogotá, Colombia durante el 2019.

Pastas El Gallo fue la primera fábrica española de pasta que existió en Bogotá a finales del siglo XIX. Su llegada a la capital significó la entrada de un andamiaje extranjero que traía nuevos sabores y otras formas de poscolonialidad. Ubicada estratégicamente en la Plaza España, su edificio se repliega en la sombra de un pasado industrial, aguardando un incierto futuro de renovación urbana. Ahora este sector se encuentra en transición, a consecuencia del desalojo del Bronx y la próxima consolidación del Bronx Distrito Creativo.

Esta exposición propone, a través de un proceso curatorial, habitar este espacio de características históricas, arquitectónicas y sociales particulares y generar proyectos artísticos que traigan nuevos cuestionamientos sobre las tensiones presentes en la situación del lugar. Para esto, invitamos a Miguel Kuan, Lina González, María Leguízamo, Linda Pongutá, Adrián Gaitán, Jose Sanín y Sebastián Fierro, para sumergirse en el edificio y responder a él con sus perspectivas, prácticas y vasos comunicantes.

Proponemos una exploración escultórica, anímica y metabólica del espacio y su presente dislocado. Las piezas de la muestra establecen un diálogo poético y onírico con el edificio y sus entramados narrativos que, de maneras inesperadas, nos permiten estar atentos a aspectos poco evidentes de su naturaleza para dejarnos afectar con ella.


Lina González           

Sociedad de amigos de lo ajeno      

2019  

Instalación    

Dimensiones variables

Sus complejos proyectos instalativos comprenden un rango amplio de técnicas pero se centran en el ensamblaje, que produce evocativas imágenes híbridas con importantes tintes surreales. Analizando las redes invisibles de poder, centrándose a menudo en la inseguridad de grandes ciudades como Bogotá, sus obras suelen estar conformadas por objetos de uso cotidiano que, en inesperadas disposiciones formales, crean metáforas poéticas sobre la violencia que nos azota día a día. Los significados en su trabajo siempre son abiertos y misteriosos, con muchos caminos posibles que contrastan con sus concisas decisiones escultóricas.

Her complex installation projects include a broad range of techniques but are centered in assemblage, which produces evocative hybrid images with important surreal touches. Analyzing the invisible networks of power, often focused on the insecurity of big cities like Bogotá, her works usually feature everyday objects, which, in unexpected formal arrangements, create poetic metaphors about the violence that scourges us. The meanings of her pieces are always mysterious and open, with many possible paths that contrast with her concise sculptural decisions.


Miguel Kuan (Pitalito, 1980)

Sempiterno R.D.L.M. 

2019  

Instalación

Dimensiones variables

Su trabajo comprende una gran diversidad de medios, desde la curaduría y los eventos participativos hasta el arte sonoro y los objetos electromecánicos. La representación animal, y la relación entre lo humano y lo considerado salvaje e irracional, se manifiesta en sus proyectos para poner en duda la supuesta superioridad del hombre sobre la bestia. Cuervos, insectos, perros callejeros y otras criaturas aparecen dignificados en sus instalaciones y se muestra con empatía su naturaleza, supuestamente indeseable.

His work covers a wide range of media, from curatorship and participatory events to sound-art and electro-mechanical objects. The representation of animals and the relation between what is human and what is regarded as savage and irrational is expressed in his works in order to raise doubts about man’s supposed superiority to beasts. Crows, insects, stray dogs and other creatures are dignified in his installations where their nature, supposedly undesirable, is displayed with empathy.


Linda Pongutá (Bogotá, 1989)          

Extracto seco

2019  

Instalación

Dimensiones variables

Buscando situaciones relacionadas con la descomposición social y el agotamiento ecológico, ha trabajado extensamente en edificaciones abandonadas con síntomas de opulencia económica y corrupción burocrática. Se ha enfocado en la escultura, juntando elementos orgánicos e inorgánicos y haciendo que ambas naturalezas se fundan y coexistan. Con una preocupación ambientalista, estudia la manera en que la vida decae y lo convaleciente sobrevive en estados de putrefacción e indeterminación. El pensamiento ancestral de diversas culturas indígenas colombianas es una guía espiritual fundamental para su búsqueda, aprendiendo de ellas nuevas maneras de concebir la vida y asumir responsabilidad con ella.

Seeking situations related to social decomposition and ecological exhaustion, she has extensively worked with abandoned buildings that show symptoms of former economic extravagance and bureaucratic corruption. She has focused on sculpture, joining together organic and inorganic elements, making them merge and coexist. Her environmentalist concerns have inspired her to study the way life decays and what survives in states of putrefaction and indeterminacy. Ancestral beliefs of different indigenous cultures of Colombia are a fundamental spiritual guide in her quest, teaching her new ways of conceiving life and of assuming her responsibility for it.


José Sanín (Medellín, 1990)     

Conserva & preserva

2019  

Instalación    

Dimensiones variables

Acumular, disponer, digerir, consumir, erigir, excretar, reutilizar. La tecnificación del mundo en la época industrial se relaciona más que nunca con la digestión y los procesos orgánicos de transformación de la materia. Sanín ve la sociedad y su plan de desarrollo como una especie de gran estómago que traga elementos naturales y los defeca en forma de bienes prefabricados, alterando irremediablemente su naturaleza para comodidad del ser humano. Sus extrañas piezas antropomorfas, graciosas y, al mismo tiempo, algo amenazantes parecieran parodiar la naturaleza delirante de nuestra relación con la cultura de consumo contemporánea, su obsesión enfermiza con el éxito y la naturaleza competitiva de su estructura.

To accumulate, organize, digest, consume, erect, expel, reutilize. The industrial era’s technification of the world is related, more than ever, to digestion and the organic processes of transforming matter. Sanín sees society and its development projections as a kind of big stomach that devours natural elements and defecates them as prefabricated goods, irredeemably altering their nature for the comfort of human beings. His strange anthropomorphic pieces, at the same time amusing and somewhat threatening, seem to parody the delirious nature of our relationship with contemporary consumerist culture, its sickly obsession with success and the competitive nature of its structure.


Adrián Gaitán (Cali, 1983)       

Sin título        

2019  

Instalación    

Dimensiones variables

Las imágenes, materias primas y situaciones que usa Gaitán refieren a espacios domésticos fácilmente reconocibles por el público general. Sin embargo, un análisis cercano de su trabajo posibilita lecturas más complejas que cuestionan la manera en la que establecemos criterios de valor sobre las cosas. Repetidamente, en sus esculturas aparecen elementos de mobiliario como pianos de cola, alfombras persas y candelabros construidos con materiales recolectados de las calles y transformados para analizar críticamente las nociones del buen gusto y alta cultura.

The images, raw materials and situations that interest Gaitán relate to domestic spaces easily recognizable to the general public. However, a closer analysis brings up the possibility of more complex interpretations of his work as a constant question about the criteria we use to value things. Repeatedly, furnishing elements appear in his sculptures, like grand pianos, Persian rugs and candelabra, constructed with materials picked up on the street and transformed to critically analyze notions of good taste and high culture.


Sebastián Fierro (Bogotá, 1988)

Ayuno y canto

2019  

Instalación    

Dimensiones variables

El espacio arquitectónico delimita y crea fronteras entre el interior y el exterior de lo doméstico, determinando los bordes del dominio humano sobre el territorio. Sin embargo, representaciones decorativas como paisajes, fuentes y jardines burlan metafóricamente esta distancia, trayendo a la proximidad humana lo inmenso e incontrolable de los fenómenos naturales. Estas manifestaciones plásticas son de gran interés para Fierro, pues demuestran que el embellecimiento artístico del medio ambiente es también un gesto de dominación, de reubicar apaciblemente lo remoto y gigantesco en la propiedad privada. Los edificios rompen la extensión infinita del espacio natural al ser erigidos, pero el artista puede reinsertar en ellos la nostalgia de nuestra irrupción en el ecosistema, la continua paradoja de idealizar y distanciarse de la intemperie al mismo tiempo.

The architectural space delimits and creates frontiers between the inside and the outside of domestic spaces, determining the edges of human control over the territory. However, decorative representations, like landscapes, fountains and gardens, metaphorically mock this distance, bring the vastness of uncontrollable natural phenomena close to human life. These expressions greatly interest Fierro, since they show that the artistic embellishment of the environment is also a gesture of control, of peacefully relocating what is remote and gigantic in private property. Buildings break up the infinite stretch of natural space when they are erected, but the artist may reinsert in them a nostalgia for our interference with the ecosystem, highlighting the constant paradox of idealizing and distancing ourselves from the open air at the same time.


María Leguízamo (Bogotá, 1988)  

Ensayo de transferencia      

2019  

Instalación    

Dimensiones variables

Leguízamo hila toda su producción alrededor del concepto de impoder, un término que inventa para hablar de aquello que cobra fuerza a partir de su propia vulnerabilidad. El impoder se presenta en situaciones de tensión y dominio entre las cosas, desde grandes eventos históricos hasta accidentes aparentemente anodinos. En su obra son frecuentes uniones inverosímiles entre extremos de un mismo espectro: lo cálido engendrando lo frío, lo quebradizo sosteniendo lo contundente, la fuerza de un insecto contra la potencia de una máquina. Principalmente en escultura, su experimentación con materiales frágiles y piezas que se destruyen a lo largo de la muestra son fruto de un anhelo de reivindicación y del afán de encontrar una nueva dignidad en la capacidad de pasar desapercibido.

Leguízamo weaves all of her art around the concept of impoder, a word she invented to invoke something that gains strength from its own vulnerability. This impoder arises in situations of tension and domination between objects, which may be seen both in major historical events or apparently anodyne accidents. The unlikely joining of extremes are frequent in her work: what is warm generates what is cold, what is fragile supports what is overwhelming, an insect pits its strength against the power of a machine. Mainly in sculpture, her experimentation with fragile materials and pieces that self-destruct during the exhibition are the result of a longing for vindication and zeal to encounter a new dignity in the capacity to exist unnoticed.


activaciones linguales

Desayuno guarapiado // 21 de septiembre de 2019 //


Fermentos fervientes y fuego frío // 5 de octubre de 2019 // Intervención gastronómica con Eva Parra

Intervención gastronómica con Eva Parra. Importa qué materias usamos para pensar otras materias, también importan los cuentos que contamos para contar otros cuentos, y sobre todo importa entender qué historias hacen mundos y qué mundos hacen historias. (Esto es una cita no totalmente literal de Donna Haraway del libro Stay with the problem)

Hace 129 años que abrió la primera fábrica de pastas alimenticias con proceso industrial en Colombia. El edificio, hoy abandonado, es una ruina postfordista donde confluyen relatos que entretejen historias de producción y trabajo, de cultivo y semillas, de desarrollos económicos, sociales y planeación urbanística.

El fuego frío nos propone reunirnos en la fábrica de pastas El gallo a utilizar el gusto, el olfato y los fermentos como vía de experimentación. Aprenderemos que las burbujas no son estáticas, que el fervor es emocionante y posible y que el cambio siempre está presente. Acompáñanos para pensar en estas y otras historias posibles, mientras colaboramos con las bacterias, hongos y levaduras presentes en el espacio.


Plaza de historias // 5 de octubre de 2019 // recorrido con Jhon Bernal

Recorriendo las ruinas, pensando la ciudad y todo lo que aquí converge. Los lugares icónicos que se levantan como vestigios de un pasado luminoso con una nueva tensión. La plaza España, el edificio de la vieja fábrica de Pastas El Gallo, el edificio del colegio Agustín Nieto Caballero, los ropaviejeros que aún venden en el segundo piso de una inadecuada adecuación, el marcado artesanal, el principal centro de expendio y consumo de drogas conocido como el Bronx, el Teatro San Jorge, la Antigua fábrica La Favorita y la Estación de la Sabana hicieron parte de trayecto.


Solipsismus Convictorii // 2 de noviembre de 2019 // Intervención de Liliana Sánchez y Carlos Andrés Díaz.


Constelando el espacio, el campo mórfico // 2 de noviembre de 2019 // Intervención dirigida por Ana María y Marcela López.

Registro y fotografías: María Leguizamo, Oficina de Comunicaciones de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes.

Proyecto realizado con el apoyo de Idartes y el Fondo para profesores Asistentes (FAPA) de la Vicerrectoría de Investigación en creación + El Centro de Creación e Investigación (CIC) de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes.


texto curatorial

Pastas El Gallo (1892) fue la primera fábrica creada por inmigrantes italianos que existió en Bogotá a finales del siglo XIX. Su llegada a la capital significó la entrada de un andamiaje extranjero que traía nuevos sabores europeos y otras formas de poscolonialidad al paladar local. Las sustancias que encontraron, el comercio colonial y su consecuente mestizaje culinario, terminaron permeando y modificando el surgimiento de las infraestructuras industriales y las atmósferas arquitectónicas. Muchas de ellas, como es el caso de El Gallo, estaban ubicadas estratégicamente entre la Estación de trenes de la Sabana y la basílica del Voto Nacional.

Una de las transformaciones de este sector ocurre en 1883, cuando se inaugura la Plaza de Maderas que abastecía los fogones de la ciudad con leña, carbón y víveres[1]. Luego, en 1889, llegaría desde Facatativá el primer ferrocarril, dando vida a la Estación de la Sabana como centro neurálgico de migración e intercambio de mercancías[2]. En los alrededores de la Estación se edificaron molinos y fábricas de pastas, chocolate y otros productos relacionados con el comercio local y regional. Productos que los molinos y las fábricas recibían y despachaban gracias al tren de carga[3]. Esta conjunción del comercio de la sabana sería paulatinamente reemplazada por prácticas comerciales en la plaza de San Victorino y los actuales San Andresito aledaños; la costumbre de los famosos ropaviejeros de la Plaza España, por ejemplo, comenzó cuando los campesinos que llegaban desde todas las regiones a la capital, intercambiaban con los habitantes locales alimentos y legumbres por ropa usada. 

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Si bien es cierto que el truequeo en el éxodo rural es una muestra de las amplias carencias presentes en las urbes, también saca a la luz que estas carencias sirven como catalizador de nuevas habilidades para la sobrevivencia. Aludiendo a un eterno retorno, a la repetición y la reencarnación, a lo efímero y lo durable, Sempiterno R.D.L.M entra en tensión en medio de un contexto tildado como marginal. En nuestra época existen materias primas que no hacen parte del ciclo de pudrición y  regeneración, y es por esto que el reciclaje es una actitud vital frente a las dificultades económicas y los abusos industriales. Es paradójico que, aun cuando la reutilización del detrito es un ejercicio necesario y constituye una estrategia para encontrar nuevas lógicas ocultas bajo el predominio del consumismo salvaje, también es visto con desdén como un trabajo sucio; la importante labor de recicladores y chatarreros es equiparable a la de los animales de carroña, como los chulos, y su cercanía a lo supuestamente inmundo los relega al prejuicio de lo vil y lo infame.

Contrapuesto a la visión del reciclador, que escudriña minuciosamente lo prosaico y cotidiano para encontrar el valor en lo práctico, el estado se identifica con la grandiosidad y el monumento al servicio de la ideología de turno. La espacialización y conceptualización en la ciudad funciona como culto a la hispanidad colonial, algo que se evidencia en eventos como el cambio de nombre de La plaza de Maderas por Plaza España; respuesta a una tendencia hispanizante del conservadurismo del gobierno a principios del siglo XX[4]. A esta debemos también el cambio de la Plaza de Las Nieves al nombre Plaza Gonzalo Jiménez de Quesada y el encargo, en 1892, de las esculturas de Cristóbal Colón e Isabel la Católica en la actual Avenida El Dorado, ubicadas entonces en el camellón de San Victorino[5].

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La relación que tenemos con el monumento no es pasiva, ni de contemplación o de sereno respeto. Más que una distancia reducida al obediente uso de las edificaciones, nuestra relación con los emplazamientos es compleja y bilateral. En sus constantes coberturas de distintos usos y costumbres, los lugares son también recipientes de las intenciones de sus habitantes, con ideas que subyacen y continúan teniendo cierta presencia, aunque algunos la quieran mantener oculta.

El complejo vínculo entre los humanos y los monumentos nos puede remitir a la idea de Impoder, entendido como el auto-agenciamiento a partir de la propia vulnerabilidad o la capacidad de resistirse a una fuerza mayor, redefine una naturaleza frágil como una habilidad en potencia. Cada remodelación, cada adaptación, cada acto de vandalismo o embellecimiento dota de una nueva huella humana a los emplazamientos. Cada mandato que pesa sobre la construcción es una voz que se queda resonando en ella, una agencia de poder que ha intervenido en su forma como un murmullo.

En Ensayo de transferencia, una serie de imágenes habladas aparecen recorriendo una tripa metálica y trazando una trayectoria. La voz se percibe levemente recorriendo el espacio y una sensual vibración en la piel de su canal recuerda a una exhalación o al movimiento de la superficie del agua. La voz, merodeando el lugar como un espectro, transforma el espacio en una especie de prótesis de un cuerpo inexistente.

Opuestos a los edificios en los que se han quedado estancados, los fantasmas no son carcomidos por los años. Las pinturas de las paredes se descascaran y los techos se desploman, pero los espectros se quedan atorados sin tiempo, condenados a una repetición constante del eco de la vida a la que se han aferrado. Al ser incorpóreos, los fantasmas transforman al edificio en sus órganos y hacen crujir el tablado con sus pies sin peso, azotan puertas que no necesitan abrir y empañan con su aliento gélido los espejos para aparecer, para hacer de la arquitectura un último vestigio de su humana necesidad de ser reconocidos.

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Entre los productos que trajeron consigo los españoles con la conquista llega el trigo. Si bien su cultivo aparece localmente desde el siglo XIV para la elaboración de pan en el Molino de Ubate,[6] solo hasta 1880 se introduce otro derivado del trigo: la pasta. De esta fecha data la Panadería Violet, donde además de bizcochos y postres, se vendían productos de pastas italianas. El primer libro de cocina local, Lenguaje Gastronómico con un oráculo respondón, poético i romántico escrito por una sociedad de gastrónomos hambrientos y dedicados a los cachacos granadinos de ambos sexos fue publicado en 1860. En este se hacen descripciones en orden alfabético de varios productos de consumo local; bocadillos veleños, bollos de mazorca, bizcochos de maíz, brandi, y cabeza de ternera, entre muchos. Sin embargo, la pasta no aparece. Es posible intuir que este alimento extranjero no estaba incluido en la dieta local, y puede ser una de las razones por las que en sus inicios, Pastas El Gallo fuera anunciada como una fábrica de pasta sopa.

Emilia Faccini, una mujer inmigrante de origen italiano, llega a Colombia en 1889 y empieza en 1892[7] un proceso de fabricación de pasta casera en una construcción republicana donde hoy se ubica el parqueadero de la esquina occidental de la fábrica y de la cual hoy se conserva solo la fachada. El socio de Emilia Faccini, Luigi Marengon, llegó a Colombia en 1927 y crearon posteriormente la Fábrica de Pastas El Gallo, Faccini & Marengón Limitada. Esta sociedad construyó el edificio de tipo fabril que se erige hasta hoy en el costado norte de la Plaza y que se promocionó como la única que empleaba en su elaboración sémola de trigo nacional.  Funcionó durante los primeros tres cuartos del siglo XX hasta que en 1969 fue liquidada por completo cuando falleció el último de sus socios. La posterior fusión de las fábricas de pasta El Gallo y El Papagayo se conoce hoy en día como pastas Doria.

Tal vez fue el placer de proveer alimento a su comunidad, de mantener el bienestar trayendo a casa lo necesario, lo que hizo que Faccini y Marengón tomarán el gallo como efigie de su empresa; estas aves, símbolo de vigilancia y actividad, son el pilar de sus familias, como heraldos del nuevo día anuncian la salida del sol y marcan las jornadas laborales, con su canto surge el calor de la mañana y con él nuevas faenas.  Los gallos anteponen el bienestar de su grupo quedándose sin comer cuando el alimento escasea, y sólo picotean cuando todos los demás han llenado el buche. El ayuno y canto propios del gallo,donde la domesticidad magna y triunfante se hace presente, aparece como una fuente cuya única función pareciera ser la de desplegar su belleza. Una belleza sin culpa, generosa, sin temor a la voluptuosidad.

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La labor de la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá, hoy llamada sociedad de Mejoras y Ornato, consistía en velar por la construcción no solo de una ciudad higiénica, sino provista de espacios públicos destinados al paseo y al ocio. Con su proyecto se moldeaba también un ciudadano culto, surgido de una idea importada de civilización que debía situarse en infraestructuras modernas y asépticas. Gracias su gestión se inaugura el Hospital San José en 1925.

El hospital se erige imponente sobre la Plaza; aséptico y phármaco, cura y veneno al mismo tiempo. Aunque es una institución que busca la atención y el desarrollo de la salud, también allí se posa la muerte por causas naturales o negligencias médicas. En extraco seco hay una tensión vital con la muerte que pareciera roerla. Como esas metáforas que hilan la existencia, se prensan hojas de plantas para buscar otras formas de expiración. Una hebra de metal en lámina diluye la frontera entre la vida y la muerte en un intento por disecar dos fuerzas; el metal y las hojas, un elemento químico y uno orgánico. Como si se tratara de un rito místico, los seres vivos buscan su estructura y encuentran en ella un vehículo para un deceso digno. El metal prensa y agarra una estructura hecha de remiendos, donde el proceso de reemplazo de las partes se convierte en un objeto que intenta reconstruirse todo el tiempo. Pero las piezas no encajan, en cambio se esfuerzan por tener un lugar para esconder su propia sanación en un proceso de ensamblaje abrupto. Hay momentos donde aparecen hojas atravesadas por tornillos sin lámina metálica y, cuando están aprisionadas en tensión, el cuerpo de la hoja cobra otra mirada y es invadida por otro tipo de vigencia. La disección implica cortar en pedazos para desmembrar la planta y poder estudiar su estructura anatómica. Por lo tanto, la incisión implica otra muerte que desmantela y permite ver el interior de la vida misma. Se disecciona algo para poderlo ver y, sin embargo, en el momento de abrirlo muere de nuevo.

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A principios del siglo XX, la localidad de Los Mártires hacía parte de la periferia de la ciudad, pero poco a poco fue convirtiéndose en una zona importante en el contexto regional, hasta caer diluidamente en un espacio donde confluye lo sucio y lo desagradable. Esta imagen construye el mito del peligro, el miedo y el abandono que aún pervive de la localidad por nodos de microtráfico construidas en el tiempo, como El Cartucho y El Bronx. Este sector se ha visto expuesto a proyectos higienistas usados en la consolidación del discurso moderno para purificar la vida. Si la localidad de Los Mártires fue en sus inicios la periferia de la ciudad, hoy sigue siendo, paradójicamente, la periferia en el centro de la ciudad.

En el postulado de la sociedad de amigos de lo ajeno, como espectros imperceptibles en las sombras, los ladrones se apoderan de espacios en los que no son bienvenidos y subvierten para sí los acuerdos de propiedad. Aquí usan medias veladas y cargan un pesado objeto, se cuelan por ventanas inaccesibles y engañan hasta al más avispado con una habilidad casi irreal. Un ataúd sin cuerpo pareciera recorrer este lugar mientras unas piernas lo sostienen. Las piernas no tocan la tierra ni el piso sucio. Otras veces hacen más daño, pues usan trajes, pronuncian discursos y besan bebés frente a las cámaras, no roban objetos y su magia está en transmutar la mente de las masas para embolsillarse sus esperanzas. Su truco no es el de esconderse, es la rascada de espalda colectiva y el descaro mediático que convierte la hablada mierda en oro.

Para entrar en contacto con el suelo, para arraigarse y de golpe moverse, necesitan que les tiendan una alfombra roja que los invite a desfilar, para hacerlos sentir famosos por un instante, transportados y transmutados. En un ataúd promedio cabe un humano de 1,50 cm, pues que es la altura media nacional. Un hecho no tan conocido, pero común en nuestra historia y en otras, es que cuando el muerto no cabe en el ataúd fabricado a la medida estándar, resulta más fácil cortarle las piernas que hacer ataúdes de medidas diversas.  Estas piernas desfilan por una alfombra roja que ha sido tendida a nuevos valores, si es posible llamar valores a los intereses particulares. Tal vez todos quieren hacer parte del espectáculo de la alfombra roja. Un espectáculo siempre expectante y siempre secretando.

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La zona de la Plaza España aguarda un incierto futuro de renovación urbana. Este sector en estado de transición, será pronto transformado en el Bronx Distrito Creativo, epicentro de la política pública proyectada bajo el término economía naranja del actual gobierno. Después del desalojo de la calle del Cartucho, El Bronx o la Ele, ubicada en las calles 9 y 10 y las carreras 15 y 15a, pasó a ser uno de los principales centros de expendio de drogas de la ciudad. Sin embargo, su tamaño representa un 20% de la totalidad del sector caracterizado por locales comerciales. Luego de la toma del Bronx en 2016 bajo el intento de la eliminación de un nodo de microtráfico, los comerciantes de la manzana 13 han percibido que el plan de renovación incluye una ambigua transición del uso del suelo de comercial a institucional, lo que implicaría la desaparición de sus negocios. 

Este lugar pareciera reunir las tensiones de un estado. Por un lado, una calle de comercio de narcotráfico, reflejo de una profunda crisis social, está rodeado de otros poderes representados simbólicamente en los edificios con los que colinda; a pocos metros la basílica del Sagrado Corazón de Jesús y a espaldas el edificio neoclásico de la antigua sede del hospital-morgue que fue parte de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional, posteriormente Batallón de Reclutamiento del Ejército y hoy, como lo resume un titular de un periódico mexicano: De sucursal del infierno a distrito creativo.[8]

Conserva & preserva ostenta una cierta naturaleza fósil, una especie de fábrica arqueológica que escupe reliquias de su propio presente. Como los vulgares souvenirs a la venta en sitios arqueológicos, que aluden desde una exagerada teatralidad a una vaga y artificiosa idea de otros tiempos, esta caseta de chance es ahora una máquina de digestión cronológica, testigo y símbolo de las veloces e incesantes transformaciones de la malla urbana.  La tecnificación de los procesos fabriles es vista aquí como un gran estómago que traga elementos naturales y defeca bienes seriales. Un excremento que junta desperdicios del lugar y los reubica en una masa sin estructura que invade el espacio de la exposición. Parodiando el culto enfermizo que nuestra sociedad le rinde a la higiene, este mecanismo fabrica vestigios de su propio tiempo, la historia blanda de su presente.

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Este edificio frente a la Plaza, ha podido atestiguar muchas de las primeras historias que han construido a esta ciudad: el primer busto de Miguel de Cervantes, la primera cirugía a corazón abierto, la primera estación de tren, las primeras fábricas, los primeros comercios, los primeros jardines, revueltas políticas y éxodos rurales. La historia es un nudo confuso, un hilo de transformaciones que se enreda colapsando los bordes entre los lugares y los seres. La memoria como proceso táctil, paradójicamente hace que el paso del tiempo en las cosas las llene de vida y transformación, las convierta en alimento o reestructuración. La pudrición, como proceso químico, hace que la muerte sea el insumo de la nueva vida y por tanto la base del renacimiento natural. Como pasa con plantas y animales, las edificaciones también cumplen procesos digestivos alterando sus funciones vitales, colapsando para convertirse en material de otros edificios o acogiendo nuevas comunidades que usarán su estructura para otros fines.

En ese movimiento metabólico, una entidad diluye sus posibilidades, se mete entre las paredes y se ofusca como un organismo que se resiste a ser domesticado, una rebeldía que comparte con el edificio mismo. Una quimera mitad mesa mitad armadillo encuentra un lugar llano entre las columnas sin techo para morir. A su muerte, en un emplazamiento delirante que lo rodea, se levanta una cama de césped que auxilia suavemente su agonía.

El edificio asimila sus viscosidades, se extiende y se repliega en cada grieta. Como un ser vivo con el poder de transmutar las sustancias que contiene, los organismos se transforman en respuesta a sus entornos para seguir creciendo y reproduciéndose, dejando tras de sí capas diluidas de fermentos, huellas, nidos, semillas y esqueletos, fragmentos de pequeñas vidas que conforman una turbosa y cambiante escritura del tiempo. El edificio se erige entre sus pliegues de plantas que lo invaden y lo transforman y entre el excremento de las palomas que acidifica sus techos. 

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Las activaciones linguales

Seis eventos en la exposición, que hemos llamado Activaciones lingüales, buscaron incluir los cuerpos de los espectadores en los procesos metabólicos de la urbe y del espacio. Como el proyecto busca ser un diálogo con el lugar y sus particularidades, creemos que no era suficiente que esta simbiosis ocurriera sólamente en los artistas participantes que habitaron la fábrica durante los meses de la producción y la exposición. En estos eventos los espectadores fueron partícipes de ese intercambio, en estancias del ciclo de transformaciones arquitectónicas y sociales que pretendemos hacer visible a través del arte.

Para esto, activamos la exposición a través del tejido lingüal: La lengua es el músculo que genera palabras hacia las personas con las que queremos trazar nexos, es la que une a las tripas con el espacio externo, es la que atrapa sustancias hacia el interior de nuestro ser para que se conviertan en parte de nosotros, es la que entrega el afecto a través del beso y la que busca humillar cuando se muestra desplegada como signo de irrespeto. La lengua, como puerta de entrada al cuerpo y la mente, es la plataforma que elegimos para ofrecer experiencias de unión entre los seres humanos y el edificio que nos acoge.

Nuestro plan fue lograr a través de narraciones orales y preparaciones culinarias la comunión entre distintos agentes humanos (artistas, espectadores y habitantes del barrio), factores geográficos (el edificio, la plaza, el barrio) y flujos ideológicos (proyectos como “Bronx distrito creativo”, estrategias políticas y plataformas culturales como el mismo Salón Nacional de Artistas).

En la inauguración el 14 de septiembre, Helena Villamil preparó un banquete de pasta. Anteriormente habíamos conversado sobre la colonización del paladar a principios del siglo XIX y sus andamiajes disciplinares: la cuchara, el tenedor, la mesa, el vino. Entonces, esta pasta se pensó para ser servida en hojas de plátano y lechuga, sin cubiertos y acompañada de salsas de remolachas, cubios y ajís de chontaduros, vasos de cáscaras de maracuyá cortados a la mitad con aromática de frutas,  entre otras delicias de su cocina. Sus ingredientes fueron cultivados de manera orgánica y ecológica en su huerta, reinterpretando nuestros hábitos gastronómicos como una afrenta directa al influjo político de los sistemas coloniales que aún hoy en día nos reprimen desde nuestra usanza cotidiana.

A una semana de la apertura, el 21 de septiembre, invitamos al público general a un Desayuno guarapiado en la exposición, e invitamos a Susana Carrié, fotógrafa que ha trabajado más de 30 años documentando las ruinas bogotanas con su lente, para que entre todos discutieramos sobre los procesos e inquietudes que los artistas habían abanderado con sus instalaciones en el espacio. Es importante crear estas discusiones en el marco de un salón nacional, y sobre todo en una zona de la ciudad que es más bien ajena a la actividad artística, pues permite que  la reflexión sobre dichos procesos se haga en un plano de diálogo conjunto.

El 5 de octubre, Eva Parra realizó su taller Fermentos fervientes y fuego frío. Importa qué materias usamos para pensar otras materias, también importan los cuentos que contamos para contar otros cuentos, y sobre todo importa entender qué historias hacen mundos y qué mundos hacen historias. Con este postulado en mente, hicimos un picnic en el piso en la Plaza España con los asistentes y transeúntes que quisieran unirse, mientras comimos e hicimos una lectura en voz alta del Manifiesto Ferviente de Mercedes Villalba. El fuego frío nos propuso después reunirnos en la fábrica para utilizar el gusto, el olfato y los fermentos como vía de experimentación. Eva recolectó previamente fragmentos de paredes y residuos de la fábrica para crear masas madre de distintos rincones del lugar.  Al formar parte de los ingredientes repartidos para que los asistentes se los llevaran a sus casas, de alguna forma la artista logró que el ecosistema invisible de Pastas El Gallo habitara decenas de cocinas dispersas en Bogotá, y que estos alimentos al ser ingeridos por los participantes, literalmente tragaran fragmentos del edificio y se alimentaran de él. Aprendimos que las burbujas no son estáticas, que el fervor es emocionante y posible y que el cambio siempre está presente, mientras colaboramos con las bacterias, hongos y levaduras presentes en el espacio.

Este mismo día, John Bernal dió su recorrido guiado por la zona al que tituló Plaza de historias. John ha vivido en la localidad de Los Mártires por más de veinte años y ha sido testigo de los conflictos territoriales que discurren en el lugar: La economía informal de los san andresitos, la destrucción del bronx, el fracaso del proyecto parque tercer milenio y las estrategias de gentrificación como el actual Bronx distrito creativo. En su recorrido que empezó en Pastas El Gallo, el edificio Agustín Nieto Caballero, el mercado artesanal, el Bronx, el Teatro San Jorge, La Favorita y la Estación de la Sabana, John compartió con los caminantes los lugares claves de la historia del sector, junto otros habitantes del lugar cuentan su experiencia y se conforma poco a poco un mapeo de la historia oculta de este sector de la capital.

Como cierre a la exposición, el sábado 2 de noviembre la artista Liliana Sánchez y el cocinero Carlos Andrés Díaz, hicieron un ejercicio de abstracción a través del paladar, explorando un complejo recorrido gustativo por la Antigua Fabrica de Pastas El Gallo, inspirado en las sensaciones que el cuerpo humano experimenta en la ruina arquitectónica. La pieza se llamaba Solipsismus Convictori, en alusión al solitario y potencial de crear para sí su propio mundo. La experiencia comprendía tres estaciones de estofados inspirados en la agresiva humedad de la estructura en desuso, unos turrones de gran formato que hacían hincapié en la craquelada textura de las paredes avejentadas, unas piernas de cerdo que colgaban del techo como si se tratara de animales sacrificados en un matadero, y una mesa con frutas servidas junto a las plantas que invadían la terraza, y crecían haciéndose espacio entre las grietas del concreto. El trabajo de ambos se tomó por un día el edificio y creó una dinámica de acercamiento a la muestra totalmente distinta, una especie de circuito comestible que acompañaba el ejercicio de ver desde el estómago.

En la tarde del mismo día, invitamos a Ana María y Marcela López para que, desde su conocimiento como consteladoras del espacio mórfico, dirigieran una sesión de constelaciones que removiera el espectro emocional de la fábrica, la curaduría, los artistas, los asistentes y todo lo que había significado para nosotros este proyecto. El ejercicio de constelaciones familiares es una técnica de desarrollo terapéutico que no puede ser comprobada por la ciencia médica actual ni puede ser explicada desde la racionalidad tradicional. Sin embargo, funciona, y consideramos importante cerrar la exposición con un evento de desplazamiento emotivo que pusiera en perspectiva las relaciones humanas que se adelantaron en este proyecto, los afectos que se crearon y desplazaron, los retos intelectuales a los que nos enfrentamos y el complejo ejercicio de diálogo que siempre implica una curaduría artística, pero que en este proyecto específico constituía un reto aún mayor por su particular naturaleza experiencial.

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El día de hoy, siendo parte de este ciclo incesante de transformaciones, este proyecto buscó explorar la ruina como lugar de tensión y de diálogo. Propuso su condición de testigo de un tiempo próspero y brillante a uno en plena transición hacia una incierta promesa de renovación y progreso[9]. Partiendo de la imponencia de la fábrica abandonada de Pastas El Gallo, edificio emblemático del costado norte de la Plaza España, los siete artistas convocados han interpretado poéticamente esta ciudad tan fragilizada y caótica como onírica y espiritual. Hablan del centro de Bogotá como el eje neurálgico de una sociedad que está definiendo su propio futuro y que, en lugar de seguir evadiéndose, debe entender sus propias fracturas para adquirir el poder de enfrentarlas, sanar y acoger la forma que envuelva su porvenir.

William Contreras Alfonso y Carolina Cerón.

Referencias:

Alfonso Sonia, Ricardo Torres. Documento de Investigación Histórica y Catastral para la Valoración del Inmueble Pastas El Gallo. Sin fecha de publicación.

Amezcua, Adriana. “Bronx Bogotá: de sucursal del infierno a distrito creativo”. Newsweek, 24 de marzo de 2019, acceso el 20 de agosto de 2019.

Cardeño Mejía, Freddy Arturo. Historia del desarrollo urbano del centro de Bogotá (Localidad de Los Mártires); Alcaldía Mayor de Bogotá, Impreso por D´Vinni S.A; Bogotá, 2007.

“Comerciantes: los excluidos de la renovación del Bronx.” El Espectador, 18 de junio de 2018. Consultado el 20 de agosto de 2019. https://tinyurl.com/y9dr5noe

Mejía Pavony, Germán Rodrigo, Pontificia Universidad Javeriana. Fac. De Ciencias Jurídicas y Socioeconómicas, Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá). Centro Editorial Javeriano. Los Años Del Cambio: Historia Urbana De Bogotá, 1820-1910. Biblioteca Personal. Santa Fe De Bogotá: CEJA, 1999.

Miranda, Álvaro. Colombia La Senda Dorada Del Trigo: Episodios De Molineros, Pan y Panaderos 1800 a 1999. 1.st ed. Biblioteca Botella Al Mar. Bogotá: Thomas De Quincey, 2000.

Rodríguez Dalvard, Dominique. Reseña para el 45SNA. 2019.  Sin publicar. https://45sna.com/45sna

Rodríguez Sossa, Henry. «Raíces Históricas De La Industria Colombiana.» Cuadernos De Administración 12, no. 16 (2011): 21. doi:10.25100/cdea.v12i16.280.

Rodríguez, William, Fundación Erigaie, and Bogotá (Colombia). Alcaldía Mayor. Corporación La Candelaria. Atlas Histórico De Bogotá, 1911-1948. Bogotá: Planeta, 2006.


[1] Cardeño Mejía, Historia del desarrollo urbano del centro de Bogotá (Localidad de Los Mártires), 20 y 21.

[2] ibid, 50.

[3] Acebedo, Luis. Las industrias en el proceso de expansión de Bogotá hacia el occidente, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, tesis de maestría en urbanismo, 2000. Citado en Cardeño Mejía.

[4] Acuerdo 15 que emitió el Concejo Municipal el 3 de mayo de 1902.

[5]  Mejía Pavony, Los años del cambio: historia urbana de Bogotá, 1820-1910, 205.

[6] Miranda, Colombia, la senda dorada del trigo, 34.

[7] Rodríguez Sossa, Raíces Históricas de la Industria Colombiana, 2.

[8]Amezcua, Bronx Bogotá: de sucursal del infierno a distrito creativo, 2019.

[9]Rodríguez Dalvard, Reseña para el 45SNA.